Por: Félix Roque Rivero.
Siguiendo a Bobbio, se puede definir el Gobierno como el conjunto de las personas que ejercen el poder político. El gobierno como poder está indisolublemente asociado a la noción de Estado. De allí que gobernantes son el conjunto de personas que gobiernan el Estado y desde el Estado, mientras que gobernados son todas aquellas personas sujetas al poder del gobierno de turno. También puede entenderse como gobierno, el conjunto de instituciones (Poder constituido) a quienes les está confiado el ejercicio del poder.
Según la teoría clásica, existen tres formas buenas de gobierno: la monarquia, la aristocracia y la democracia. También tres formas malas: la tiranía, la oligarquía y la demagogia. Surgió entonces la teoría del llamado gobierno mixto según la cual, la degeneración de un gobierno bueno en uno malo puede evitarse en la constitución de un gobierno que resulte de una mezcla, una fusión de las formas buenas a fin de garantizar la gobernanza.
Para precisar más el asunto, existen teorías que, para separar la noción de Estado del gobierno propiamente dicho, distinguen el llamado gobierno parlamentario del gobierno presidencial. En Venezuela existe un gobierno presidencial o presidencialista donde en la persona del presidente convergen las figuras de Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y Comandante en Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
En Venezuela el Presidente surge como consecuencia de la realización de elecciones donde el soberano, o sea, el pueblo lo elige con sus votos en un sistema de mayoría simple y sin que se contemple balotaje o segunda vuelta.
Pues bien, para sorpresa de connotados autores de derecho constitucional, estudiosos de la sociología política y de alumnos que estudian para aprobar sus cursos, un diputado llamado Juan Guaido, al mejor estilo napoleonico se auto proclamó presidente interino encargado de la presidencia de la República Bolivariana de Venezuela.
Este caballero, que nadie eligió, sin rubor alguno, encaramado en una tarima y por voluntad propia juró asumir la conducción del gobierno diciendo contar para ello "con el respaldo de la comunidad internacional". Es decir, a partir de esta "Guaidodada", al presidente de Venezuela lo designan gobiernos extranjeros. O sea que las y los venezolanos pasamos a ser súbditos de potencias imperiales, directas e indirectas, que por obra y gracia del poder, han decretado una nueva teoría gubernamental: la de los presidentes virtuales, los que se autoproclaman desde una plataforma virtual.
El autoproclamado, provisto de un avanzado equipo celular, empezó "a gobernar", a tuitear designando embajadores, jefes de misiones, encargados de negocios, ministros, dictar decretos. Ninguno de los nombrados ha podido tomar posesión del cargo. El tipo se convirtió en un tuitero empedernido. Su gobierno se redujo a aquel aparatico que con nerviosismo manejaba desde cualquier lugar, incluido el baño de su casa. Así nacía una nueva forma de gobierno. El Gobierno virtual, digital, gobierno de futuro sin futuro, sin votos y sin pueblo, sin instituciones, sin presupuestos, sin ejército. Un gobierno soñado y diseñado desde las profundidades de un virtualismo nada virtuoso.
A partir de este precedente que pasará a la historia como el sainete "La Guaidonada", cualquiera podrá autoproclamarse de lo que su santísima gana le indique. Aunque la sustentabilidad teórica de esto sea ninguna, todo se reduce a la toma del poder por medios ilícitos, asaltar el poder como cualquier filibustero lo haría. Es la teoría del golpe de Estado continuado que procura apartar del gobierno a un presidente legítimo, electo en elecciones libres por sufragio universal directo y secreto, con lo cual, la forma de gobierno presidencialista quedaría en desuso. Tal es el alcance de este nuevo postulado teórico que de establecerse, pasará a formar parte de los programas de estudio de las carreras de Derecho y Ciencia Política de las universidades venezolanas y del mundo. No pasarán.
Caracas, 7 de febrero de 2019